Renato Barilli recuerda a Hermann Nitsch

El crítico de arte boloñés relata las dificultades encontradas para llevar a Bolonia el “Teatro Orgien und Misterien” de Hermann Nitsch, fallecido hace unos días. Pero las cosas salieron mejor de lo esperado.

Hermann Nitsch, Teatro Das Orgien Mysterien. Das 6 Tage Spiel, Prinzendorf 1998. Foto Cibulka Frey

La gran actuación de Hermann Nitsch (Viena, 1938 – Mistelbach, 2022) en Bolonia, en la enorme iglesia barroca entonces desconsagrada y reducida casi a ruinas de Santa Lucía, fue un acontecimiento absolutamente dominante en la semana internacional de la actuación que había comenzado a realizar en el verano de 1977 con mis allegados Francesca Alinovi y Roberto Daolio, ubicando los eventos principalmente en la sede de la Galería de Arte Moderno, entonces ubicada cerca del recinto ferial, y en espacios aledaños, pero dado el tamaño esperado de la empresa de Nitsch tuvimos que pensar en una ubicación mucho más amplia, después de todo, ¿qué ubicación podría parecer más apropiada que una antigua iglesia?

Hermann Nitsch, Schüttbilder, 1986. Foto Walter Haller
Hermann Nitsch, Schüttbilder, 1986. Foto Walter Haller

MARINA MARINA ABRAMOVIĆ, ULAY Y NITSCH EN BOLONIA

En cambio, Marina Abramović y Ulay se colocaron como estatuas propiciatorias en la puerta de entrada al GAM, lo que dio vida a la actuación que fue quizás la más famosa y sensacional, pues fue interrumpida por un diligente policía, lo que le dio a esa empresa la marca de martirio, de extrema profanación, ante los ojos de un público que ciertamente no es conformista como el que podría frecuentar un espacio de arte contemporáneo. En cambio, la actuación de Nitsch nos llegó presagiada por matices de escándalo, de profanación casi sacrílega, tanto que yo mismo, para no meter en líos al concejal de cultura Luigi Colombari, mi buen amigo, fingí tener la opinión de el ‘abogado del Municipio. De él una respuesta luego volcada por los hechos, pues nos dijo que mostrar los cuerpos desnudos de Marina y Ulay, en un momento en que los desnudos entraban pacíficamente al cine y al teatro, ya no podía ser considerado motivo de escándalo. Pero en vez la orgía, la misa negra de Nitsch, que constituyó una ofensa a la Iglesia Católica que aún era considerada la religión oficial de nuestro estado, ante una intervención providencial de Craxi que le quitó ese privilegio. Temblamos ante esa frase y tomamos remedios transformando ese evento en una especie de fiesta privada, logrando entregar a cada uno de los asistentes, que eran mil, un carné de socio de un club privado. El resultado fue contrario a los pronósticos de ese abogado, el desnudo de Marina y Ulay fue inmediatamente bloqueado, los dos casi detenidos, y a mis quejas sobre la legalidad ahora lograda por el desnudo femenino ese policía me dio una respuesta a su manera. sensato, que el desnudo estaba permitido en los lugares destinados a la actuación y al movimiento, pero en un museo sólo podía entrar estacionario, pintado o fotografiado. Lo cual era a su manera una correcta distinción entre un arte representativo, de cosas o personas inmóviles, frente a un arte diferente dado a la acción. Y la actuación obviamente encontró su primera razón de ser en este último aspecto.

Hermann Nitsch, 158.aktion (18.09.2020), Hermann Nitsch Museum Archive Laboratorio de Arte Contemporáneo de Nápoles, foto A. Benestante © Fondazione Morra
Hermann Nitsch, 158.aktion (18.09.2020), Hermann Nitsch Museum Archive Laboratorio de Arte Contemporáneo de Nápoles, foto A. Benestante © Fondazione Morra

LA ACCIÓN DE NITSCH COMO CATHARIS

Volviendo a Nitsch, y su Teatro Orgien und Misterien, de la que su actuación era uno de los mejores ejemplos, me apresuré a señalar el carácter catártico que había en aquella simulación. Pretender crucificar a una persona, rociándola con entrañas humeantes, era precisamente un acto de “abreacción”, o purificación de nuestros malos humores, la misma tarea que corresponde a la lectura de novelas policiacas y westerns. Para montar ese espectáculo expiatorio, Nitsch había afirmado tener cincuenta litros de sangre bovina, suministrados por la carnicería municipal, y por lo tanto también para este aspecto todo en orden. Luego, algunos jóvenes estudiantes de la Academia de Bellas Artes se prestaron a ser crucificados, naturalmente asegurados a la madera de la cruz, ciertamente no por clavos sino solo por cordones. Una idea genial de Nitsch fue dotar a su “misterio” de un acompañamiento sonoro adecuado, a cargo de una banda de pueblo completa con trompetas y tambores, y de muchos jóvenes provistos de silbatos de los que extraían silbidos ensordecedores y penetrantes. El espectáculo transcurrió durante toda la velada sin ningún contratiempo, y en esa ocasión conocí a Franco Quadri, el pontífice de las formas más avanzadas del teatro, con quien entablé una amistad, que duró hasta su muerte.
Debo decir que, satisfecho con esa plena afirmación de todos los mejores personajes del arte nitschiano, no lo he asistido más, excepto para recordarlo en el escenario cuando recientemente comencé a conmemorar a los mejores intérpretes de esa temporada el viernes incluido en el Días de Artefiera. Pero el encuentro con Nitsch no fue de la mejor manera, no hablaba italiano, pronunciaba su alemán en voz baja, con un murmullo casi inteligible, había encontrado un colega germanista dispuesto que sin embargo no lograba pronunciar las palabras Nitschane, al encontrarse con la desaprobación del público, y sobre todo de quien la había convertido en su paladín, el napolitano Morra, que había creado una fundación casi en su nombre, y que exageraba un poco al magnificar su influencia en todo el arte de la nuestros días, que sin embargo existió indudablemente, como una de las mejores formas de arte de acción, de conducta, a la par del Teatro Vivo, de los happenings, del Teatro pobre, con el agregado de esa nota inmanente de blasfemia, sin embargo, todavía vale la pena insistir, introducido a fines de redención y catarsis.

Renato Barilli